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Cuando hablamos del vuelo de las brujas, a muchas personas les viene a la mente una imagen casi infantil: una mujer volando sobre una escoba, cruzando el cielo nocturno.
Sin embargo, esta idea no nace únicamente de los cuentos o de la fantasía popular.

Detrás del llamado vuelo de las brujas hay historia, persecución, experiencias humanas reales y estados de conciencia que, durante siglos, se interpretaron de formas muy distintas a las actuales.

En este artículo vamos a mirar este fenómeno sin miedo y sin folclore, desde una perspectiva histórica, psicológica y parapsicológica, para comprender qué hay realmente detrás de este mito.

El origen histórico de la creencia

La idea de que las brujas volaban no surge en los cuentos modernos, sino en los procesos inquisitoriales de la Edad Media.

En numerosos textos de la Inquisición aparecen testimonios de mujeres, y también de algunos hombres, que afirmaban:

  • Volar durante la noche

  • Asistir a reuniones nocturnas

  • Desplazarse largas distancias en poco tiempo

Estos relatos no se entendían como metáforas o símbolos, sino como hechos reales, y fueron utilizados como prueba para justificar persecuciones, torturas y condenas.

Los propios manuales inquisitoriales describen con detalle elementos como:

  • Rituales previos

  • Ungüentos

  • Preparaciones corporales

  • Estados alterados de conciencia

Y es precisamente aquí donde aparece una de las claves más importantes para comprender el fenómeno.

El papel de los ungüentos y las plantas

Uno de los elementos más documentados en estos relatos es el uso de ungüentos aplicados sobre la piel.

Estos ungüentos contenían plantas psicoactivas muy potentes, como:

  • Belladona

  • Mandrágora

  • Beleño

  • Estramonio

Todas ellas son capaces de provocar:

  • Sensación de levitación

  • Visiones extremadamente realistas

  • Sensación de desprendimiento del cuerpo

  • Experiencias de vuelo

Cuando estas sustancias entraban en el organismo, especialmente a través de la piel y de zonas mucosas, los efectos eran tan intensos que la persona vivía la experiencia como completamente real, sin distinguir si el vuelo había sido físico o no.

Y aquí es importante subrayar algo fundamental:


👉 La experiencia era real para quien la vivía, independientemente de cómo la interpretemos hoy.

¿Experiencia simbólica o desdoblamiento?

Desde la parapsicología y el estudio de la conciencia, existen dos grandes líneas de interpretación.

Estados alterados de conciencia

Una primera explicación apunta a que estas personas entraban en estados alterados de conciencia profundos, similares a:

  • Sueños lúcidos

  • Estados de trance

  • Viajes chamánicos

En muchas culturas, estos estados se interpretan como viajes del alma.
No se habla de volar con el cuerpo físico, sino de un desplazamiento de la conciencia.

En términos modernos, podríamos hablar de:

  • Experiencias extracorpóreas

  • Estados ampliados de conciencia

  • Lo que popularmente se conoce como viajes astrales

Relatos de desdoblamiento en distintas culturas

En algunas zonas de Sudamérica, especialmente en contextos rurales, estas creencias siguen muy presentes.

No se habla de fantasía, sino de:

  • Personas que “salen de su cuerpo”

  • Brujas que “cruzan montes”

  • Entidades que “se desplazan de noche”

En países como Chile, Bolivia, Perú o Argentina, estas historias forman parte de relatos transmitidos de generación en generación.

Desde fuera pueden parecer supersticiones, pero desde dentro de la cultura son realidades compartidas, y esto es clave en parapsicología:


👉 Cuando una experiencia se repite en culturas distintas, merece ser investigada, no ridiculizada.

¿Por qué la escoba?

La escoba no aparece por casualidad.

Es un objeto cotidiano, ligado al hogar, que simbólicamente representa un paso de un estado a otro.
En muchas tradiciones antiguas, la escoba estaba asociada a rituales de fertilidad y a momentos de transición.

En textos históricos se describe que los ungüentos no se aplicaban solo directamente sobre la piel, sino también sobre palos, bastones o mangos de escoba.
Esto tenía una explicación práctica: ciertas zonas del cuerpo absorben estas sustancias con mayor intensidad.

Al entrar así en el organismo, los efectos eran más potentes, generando experiencias de vuelo, separación del cuerpo y desplazamiento.

Con el paso del tiempo, todo este proceso ritual y simbólico se fue simplificando en el imaginario colectivo, hasta quedarse solo con la imagen externa:


👉 la bruja volando sobre una escoba.

¿Volaban realmente las brujas?

Llegados a este punto, conviene hablar con claridad.

No existen pruebas científicas de que una persona pueda volar físicamente.
Pero sí existen pruebas de:

  • Estados alterados de conciencia profundos

  • Experiencias extracorpóreas

  • Percepciones no ordinarias

Por eso, quizá la pregunta más interesante no sea si volaban o no, sino:


👉 ¿Qué tipo de experiencia estaban viviendo?

Y esa pregunta, aún hoy, sigue abierta.

Más allá del mito

El vuelo de las brujas no es solo un cuento infantil. Es una mezcla de:

  • Historia

  • Persecución

  • Uso de plantas

  • Experiencias internas

  • Interpretaciones culturales

Cuando dejamos de ridiculizar el fenómeno y lo miramos con respeto y profundidad, entendemos que la realidad es mucho más compleja que el mito.

Y, en el fondo, también nos habla de algo muy humano: la necesidad de comprender lo que sentimos, lo que percibimos y aquello que, durante siglos, no supimos explicar.